23.7.12

Martín Caparrós




-Jean, dijo Carlos, como en un suspiro, y el sonido se apoyó sobre todo en las enes, se deslizó hacia las enes como un silencio y ahí significó, fueron dos enes, ahí estaba el nombre.


-Jean, dijo Carlos, y la forma de acentuar el sonido terso de la jota inicial tenía una indescriptible carga de pregunta, de necesidad.


-Jean, dijo Carlos.


-Jean, dijo Carlos, en el tono más pretendidamente neutro que le fue posible.


-Jean, dijo Carlos, con un acento de melancolía que se tradujo en el estiramiento casi suspirado de la a


-Jean, dijo Carlos, y el hiato cometido entre el sonido ahora sibilante de la jota y la bocanada vasta de la a contuvo en suspenso trozos de la ignorancia, residuos anteriores


-Jean, dijo Carlos, y el rasguño de la jota inicial sonó como la confesión de todo el desamparo, de todo el terror.


-Jean, dijo.


-Jean, gritó.


-Jean, dijo, por favor.


-Jean, dijo, sin mácula.


-Jean, por favor, dijo Carlos, y en su voz había costras imborrables de  cansancio.


-Jean, por favor, dijo, con una voz que jadeaba y se entrecortaba por la conciencia del esfuerzo.


-Jean, dijo, en silencio.






La noche anterior (1990)





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